La importancia de Frank Gore es pasible de ser medida. Pases recibidos, yardas avanzadas y touchdowns convertidos, son notas que no necesitan de mayores esfuerzos de explicación. Sí, la importancia de Frank Gore es medible. Esto es fútbol americano. Un juego lleno de estadísticas, y de un control compulsivo y al milímetro de las mismas.
La importancia de Frank Gore no es pasible de ser medida. El momentum e ímpetu que traen sus apariciones en el resto del equipo y en el contrario, se pierden al trazar la línea de la suma. Solo se prevén o presumen que son grandes sumas; muy, muy grandes.
Sí, la importancia de Frank Gore no es medible. Esto es fútbol americano. Un juego lleno de gestos imprevisibles, donde al humano se le permite ser humano hasta el último segundo.
El domingo pasado, Frank Gore es uno más en el campo, o uno menos en el mismo. En seis intentos por acarrear el balón, no logra avanzar una sola yarda. Y solo consigue ocho de ellas, al recibir un pase completo de Smith. Un poco más tarde, se va del campo lastimado. Seguramente, con muchas más heridas en su orgullo que lesiones en el cuerpo.
Sin el factor Gore, el juego se convierte en un ir y venir de ataques que culminan con ambos equipos convirtiendo goles de campo, en lugar de touchdowns.
Los New York Giants, al ser un equipo más ofensivo que el de San Francisco, van siempre más lejos en sus ambiciones que los 49ers; pero a su vez, son siempre detenidos en las últimas veinte yardas del campo.
El cuadro de la bahía es seguramente el mejor equipo defensivo del campeonato. San Francisco no ha permitido hasta el momento, un touchdown por acarreo en toda la temporada.
Harbaugh ha convertido el juego físico de sus dirigidos en algo extremadamente exacto y de rigor, donde al contrario no se le permite tener mayores alternativas a las ya conocidas, esto es: perder, perder y perder.
Aquí se hace importante la figura de Akers en San Francisco; el mismo que pateando de cerca o a distancia, se muestra casi infalible. Antes que los otros luzcan, Akers ha logrado cuatro goles de campo consecutivos y ha provocado a su vez, un robo de balón memorable, al patear en un saque de retorno hacia el costado del campo contrario.
El pateador, a sus 36 años, es el eslabón que completa la cadena. El lugar donde preferimos poner el candado para asegurar el resultado. San Francisco luego de volver del descanso se pone al frente del marcador con un 12 a 6.
Los Gigantes de Nueva York, reaccionan justo a tiempo para convertir el primer touchdown del partido casi al final del tercer cuarto.
Manningham es la extensión natural de los pases de Manning. Tal como los apellidos de ambos, el receptor es la continuación que su quarterback necesita para lograr la diferencia en Candlestick Park.
Alex Smith y compañía, aceptan el guantazo y el reto del visitante, arremetiendo con dos touchdowns y una conversión, en un lapso de poco más de un minuto.
San Francisco ha aprovechado una vez más los errores del rival. Los dirigidos por Harbaugh como tantas otras veces, logran con lo suficiente, volverse importantes.
Al frente tenían a un contrario con un quarterback excepcional, pero que cuenta en esa excepcionalidad, con la contradicción de muchos claros y oscuros en su haber.
Los 49ers apretaron los dientes y masticaron su bronca cuando les tocó aceptar los claros de Manning; y también se fueron encima y en contra del mismo cuando les tocó invadir y reinar sobre los tramos oscuros del quarterback de Nueva York.
27 a 20 es el marcador final en la bahía. Ocho victorias y una derrota para un equipo al cual nadie le auguraba mayor éxito en la temporada.
La sombra de los triunfos pasados de Montana y Young cae enorme sobre la tarde-noche de San Francisco, pero este humilde colectivo de jugadores está consiguiendo con su esfuerzo, lo que puede ser la mayor sorpresa en muchos años.
Ya le ganaron a los Gigantes de Nueva York, y el próximo partido es contra los Cardinals de Arizona. Tal vez para ese momento, los dirigidos por Harbaugh sean un poco menos sorpresa y un poco más gigantes en la opinión de su propia gente. Están a punto de merecerlo y solo a un punto de lograrlo en el marcador.
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