Si al final de la temporada pasada Alex Smith se iba de San Francisco, ¿Adónde habría ido? ¿Adónde habría podido ir? ¿Y quién lo habría acogido o extrañado? ¿Quién?
Si Alex Smith se iba de San Francisco al final de la temporada pasada, ¿Cuántos milagros habríamos perdido de vista? ¿Cuánta gente creería hoy en milagros? ¿Cuántos de nosotros podríamos contar una gran historia?
Porque si se da en contarla, la contaremos y nos escucharán. Porque es cierta. Porque sucede en América y sucede casi siempre. Aquel que viene de abajo y termina arriba. Ese caballo negro a quien nadie apuesta y que lo lanza todo justo al final. Ese otro que va por la parte de afuera y llega más lejos. El outsider que se mete bien adentro. Casi seguro hasta el touchdown. El que se iba al final de la temporada pasada, y queríamos que se fuera, y al final no se fue, sino que llegó. Aquel que ayer era pifiado y hoy no lo dejan de felicitar. Entonces, esto sucede solo en América. ¡Por la puta madre! Only in America, entonces.
La defensiva de San Francisco es la primera que se hace notar en el juego, al parar una oportunidad de touchdown entre las yardas dos y tres de su propio campo. Donte Whitner deshace al recibidor en un choque brutal entre casco y casco, terminando por forzar en la misma jugada, el fumble que les da la primera posesión a los niners.
La jugada, aunque poco vistosa, es esencial para los intereses de San Francisco, porque significa varias cosas a la vez; primeramente, evita la anotación del rival, detiene a su vez en seco, el primer avance liderado por Brees, y esencialmente es importante, porque deja fuera del juego a un jugador peligrosísimo como Pierre Thomas.
La lesión del corredor de New Orleans le da más vida a los “muertos” de San Francisco. Los niners reciben su primera paga al inicio de la historia y aquella resulta siendo cuantiosa.
San Francisco es una máquina en el primer cuarto del partido y una máquina perfecta en la defensiva del mismo cuarto.
Logran una intercepción y le generan dos fumbles al rival. Y dejan a las puertas del touchdown a su ofensiva en dos oportunidades.
Los 49ers crean en ese mismo tramo, las dos primeras sociedades ofensivas en el partido. Una es buena, la otra perfecta. Alex Smith se une a Michael Crabtree en la primera. Y el mismo Smith, encuentra oro con Vernon Davis en todas las colinas donde entierran el pico y la pala.
Smith y Davis logran completar un pase y posterior corrida de 49 yardas. El primer touchdown del partido. La primera bolsa de un mineral que vale más que el oro.
Smith y Crabtree conectan para la segunda anotación de San Francisco. Los niners acaban el cuarto con un marcador de catorce a cero a su favor y con el balón en su poder dentro de territorio enemigo. Esto ya no es oro, ni un mejor mineral, esto es perfección.
Los Saints en el primer cuarto han sido equilibrados en todas sus líneas. A ellos los ves errar con la ofensiva, el quarterback, los equipos especiales y la defensiva. Mientras más lo intentan los de NOLA, más se enredan en errores. Todo eso en el primer cuarto. Porque llegado el segundo cuarto, todo vuelve a cambiar.
Brees empieza a conectar con su ofensiva. Primero un pase corto, luego una puntada sin hilo. Luego otro pase. Y otro más. Hasta llegar finalmente al primer touchdown. Pase de Brees a Graham que se eleva como si jugara básquet (y lo juega). 17-7 a favor de San Francisco.
La defensiva de New Orleans empieza a funcionar de una manera intensa y le provoca a San Francisco el primer bache en su juego. Los 49ers no pueden avanzar y tienen que patear la pelota.
Los Saints con gran concentración por parte de Arrington logran avanzar hasta la yarda treinta y dos de San Francisco en una siguiente oportunidad. Lo siguiente, es la conexión entre Marques Colston y Drew Brees para lograr un touchdown que parecía imposible al comienzo del segundo cuarto. Hacia la esquina derecha del campo, hacia la esquina donde se empiezan a arrinconar todos los temores pasados de New Orleans. 17-14 a favor de los 49ers al finalizar la primera mitad.
El tercer cuarto es casi como la calma antes de la tormenta. Las defensivas de ambas formaciones son las que prevalecen sobre las ofensivas de los contrarios. Es excepcional el trabajo de Carlos Rogers para evitar que Brees encuentre a sus corredores libres.
Y es más que excepcional, el trabajo que han venido realizando los equipos especiales de San Francisco. Liderados por sus pateadores David Akers y Andy Lee, logran encajonar la ofensiva de los Saints en el fondo.
Y cuando no la logran encajonar, le inducen al error. Ya que luego de las patadas de Lee, uno observa a una jauría de lobos abalanzarse sobre la única presa escogida. Y provocar el fumble del contrario. Aquel error le permite a Akers hacer su segunda anotación de tres puntos en la tarde. San Francisco se mantiene adelante al final del cuarto con un marcador de 20 a 14.
El último cuarto empieza con los aperitivos de Akers y Kasay; ambos anotan sus respectivas chances para sus equipos. Por parte de Akers, es su tercera anotación de tres puntos en el día. San Francisco va adelante por 23-17.
Hasta aquí, es el partido que buscaban los 49ers. Es el terreno de las defensas con Smith & Smith avanzando sobre los rivales para intentar coger a Brees. Es la respuesta de la defensiva de New Orleans para detener en seco las chances de un touchdown para San Francisco.
Hasta la última patada de Akers, las defensivas son las que ganan el partido. Es terreno de los 49ers, cuando Justin Smith levanta como un saco de papas a Jermon Bushrod y logra juntarlo con el propio Brees y tirarlos a ambos al suelo. Jermon Bushrod pesa 45 libras más que el defensivo de los 49ers. Pero eso no le evita ser un saco de papas al lado del gran Smith. O ser mejor aún, la carne aplastada entre el enorme esfuerzo de Smith y el talento magullado de Brees. Un nuevo tipo de hamburguesa sirven en Candlestick Park faltando tan poco para el final.
Las defensivas de ambos equipos lo dan todo y se acaban, dándolo todo. Se acaban.
Brees es un caso especial. Nunca frota una lámpara para un deseo, lo que hace es frotar sus manos. ¿Deseo cumplido? En Brees es casi una orden. Y un orden. Una manera de ser.
Su talento le permite ubicar a Sproles para lanzarle un pase perfecto. Mientras avanza el corredor en territorio enemigo. Brees no deja de frotar sus manos. Hay un clima templado en San Francisco. Pero lo que busca Brees es un deseo. Una orden. Un orden. Un touchdown para los Saints.
Por primera vez en el partido, las predicciones de los apostadores aciertan. Los Saints se ponen adelante 24 a 23.
Los 49ers juegan ahora el juego propuesto por los de Nueva Orleans. El juego de ataque y más ataque. La creatividad exprimida hasta el máximo. El tipo de juego que todos dudan o niegan en Alex Smith.
El quarterback de San Francisco confía en la capacidad de Vernon Davis para lanzarle el balón y hacerlo que corra treinta y siete yardas.
El dictado usual de los niners habría determinado no avanzar, ni arriesgar en demasía. Y más, luego del error que los hace retroceder hasta la yarda veintiocho. El juego de siempre les habría ordenado preparar a Akers para ponerse adelante por dos puntos.
El dictado usual les habría señalado no confiar en Smith. No darle la responsabilidad en el 3rd down y con dos minutos para el final. El dictado usual no lee nunca a Alex Smith. Ni descubre el gran quarterback que puede llegar a ser.
El dictado usual no espera una corrida de veintiocho yardas de Smith hasta el touchdown. ¿Dónde en el libro de los 49ers ocurre eso? ¿En qué página del libro grueso de jugadas de Harbaugh se encuentra esa corrida? No hay un fin al final de libro después de esto. Ni para San Francisco, ni para New Orleans. 29-24 a favor de los 49ers.
Brees tiene algo más de dos minutos para cambiar la historia. Las defensas están abiertas y cansadas. Hay el tiempo suficiente para avanzar de a pocos hasta la yarda treinta de su campo. Y de allí lanzar un pase al centro para el “basquetbolista” Graham. Aquel con su tamaño, lo hace ver todo tan fácil. Incluso el touchdown ganador.
Brees frota una vez más sus manos para logra la siguiente conversión en el marcador y dos puntos extra. 32-29 a favor de los Saints faltando menos de dos minutos para el final del partido.
Alex Smith ha hecho lo suficiente hasta aquí. La gente que no confía en él está sorprendida con lo que ha visto en Candlestick Park. Lo máximo que puede anhelar ahora es un empate para llevarlo todo al overtime. Necesita acercarse lo suficiente para poner a Akers a tiro de gol. Pero eso es harto difícil. Están en la yarda quince de su propio campo y el reloj marca un minuto y treinta dos segundos para que se termine todo. Cuentan con solo un tiempo fuera para parar el reloj y nada más. Nada más.
Hay un ambiente raro en San Francisco. Un ambiente que los más jóvenes creen tragedia por lo enrarecido de la atmósfera. Y que los más viejos aún no pueden determinar. Aquellos dudan que suceda otra vez. Los han convencido durante años que Alex Smith no es ningún Joe Montana o Steve Young. Ni siquiera por un día. Ni siquiera en el último empuje o jugada del partido. No, Alex Smith no es Joe Montana. Los han convencido. Se los han martillado en la cabeza y los han convencido.
Un minuto con treinta y dos segundos. El reloj está parado. Alex Smith al recibir el balón, retrocede hasta la yarda siete de su campo para lanzársela a Gore. El corredor avanza siete yardas, pero no detiene el tiempo. Todavía falta para un primer down y falta mucho más para llegar a territorio enemigo.
Smith escoge de nuevo a Gore en la siguiente jugada y se la vuelve a lanzar. Ya están en la yarda treinta y tres de su campo. Un primer down para seguir con vida. Pero el reloj no se detiene. Queda ya menos de un minuto. Los Saints empiezan a celebrar fuera del campo. Smith no es Montana. A ellos también los han convencido de eso.
El quarterback de San Francisco se la lanza larga a Swain, que no la puede coger. El tiempo se detiene faltando cuarenta segundos. Hay tiempo para pensar. Para dudar. Y para atacar.
Smith se acuerda de su sociedad perfecta con Vernon Davis. Reúne a toda su ofensiva y se los cuenta. Han encontrado oro o algo mejor. Todos asienten. La próxima jugada será hacia Davis. Y Davis corre, corre hasta recibir el balón que vuela. Y sigue corriendo hasta volar y ser detenido en la yarda veinte de los Saints. Ya están a tiro de gol de campo. Akers se empieza a preparar. Nos vamos a overtime. Esto es un milagro. El empate que se avecina sabe a milagro.
Smith se la lanza a Gore y aquel tiene una mala decisión al avanzar por el centro del campo, sin intentar parar el reloj. Smith hace que se le caiga el balón para pararlo en la siguiente jugada. Son catorce segundos los que quedan. Están en la yarda trece de los Saints. Tercer down.
Smith ordena empezar la jugada y se la dan. La decisión es un secreto para el público en las gradas. Pero algo saben los viejos y algo presienten los más jóvenes. Unos y otros lo han visto en sus sueños. Lo han visto antes con Montana y Young. Han soñado con esas jugadas durante años. Han tenido pesadillas también. Lo años malos de San Francisco están a punto de terminar…Smith lo observa a Davis correr al centro y pisar la línea de touchdown, se la lanza entonces. El defensivo de Nueva Orleans le revienta la espalda a Davis, pero el de San Francisco mantiene firme el balón contra su cuerpo. Se revuelca con su marcador en el suelo y luego se levanta…tiene el balón en sus manos. Tiene un mundo diferente en sus manos. Faltando nueve segundos en el marcador, San Francisco se pone adelante 35 a 32. Akers aumenta un punto más en el tablero. Marcador final: 36 a 32 a favor de San Francisco.
Alex Smith no es Montana, ni Young. Nunca los será. Antes por omisión y falta, hoy ha salteado esa página, la ha volteado. Alex Smith es Alex Smith, quarterback de los legendarios 49ers. Había material para soñar y ahora también existe lo concreto y lo real. Todo gracias a los jugadores de San Francisco, y entre ellos su quarterback. Todo gracias al hombre detrás de todos ellos…Jim Harbaugh.
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